Compañeros

Mi insomnio tiene el nombre de otros insomnios que se quedaron dormidos por miedo a despertar; tu insomnio, por el contrario, tienen el nombre de quien no paras de soñar. Me pediste compañía para dormir y me abrazaste con la distancia, qué calurosa se torna la noche cuando el invierno empaña las sábanas tan poblada de fantasmas.

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No me desnudes

No me desnudes
no me quites la ropa
no me arrebates el sostén con tu boca
no me mires si eso te evoca
todo aquello que provoca.
No, no me despojes de mis prendas
no me desenmascares con sutileza
no me levantes la camisa
ni la saques por mi cabeza.

No me desabroches el cierre con ligereza
no me jales el pantalón con torpeza
no me toques con delicadeza
no me acaricies con o sin prudencia
no me desvistas el placer
no me liberes los pezones
no me desnudes del ayer.

No me despojes de mis relatos
no destiendas mi cama
no desorganices mi casa
no te apoderes de mi almohada
no me embriagues el sueño
no te lleves mi insomnio
no conquistes mis silencios
no saquees mis palabras
no adivines mis sonrisas
no me arrebates mis tristezas
no percibas mis miradas.

Si me vas a despojar de algo, que no sea de la forma
Si me vas a despojar de algo, que no sea del contenido
porque si me desnudas
y seguidamente, yo te desnudo
dime cómo podré verte cuando nos vistamos de olvido.

Pequeños hubiera

Hubiera dado mis primaveras por cargar con tu equipaje y acompañarte en tus andanzas.
hubiera gastado mis suelas por pisarte aquellos pasos que danzas
hubiera pagado mil boletos por volar contigo
hubiera quedado obsoleta por de tus aventuras ser testigo
hubiera batallado a tu lado contra todos tus enemigos
hubiera a tu hipotermia de abrazos prestarle un abrigo
hubiera dado a tu abulia una recopilación de motivos
hubiera a los ensueños de tu almohada dado un nuevo sentido
hubiera despojado lo púdico de tus sábanas
hubiera gozado ver caer la lluvia en tu ventana
hubiera encontrado la manera de cambiarlo todo
hubiera revolucionado a tu corazón sin despojos
hubiera elegido equivocarme contigo
hubiera partido a tu lado desconociendo el destino
hubiera hallado de tus heridas la cura
hubiera encendido una luz en tu oscuridad oscura
hubiera endulzado todas tus amarguras
hubiera tomado tu mano sin mesura
hubiera caminado mano a mano por la embocadura
hubiera colonizado tus llanuras
hubiera sido de tu sonrisa la comisura
te hubiera amado sin censura
hubiera visto despertar al mañana
hubiera muerto en tus brazos liviana
pese a todas las cosas que hubiera hecho
hoy amanece “lo que pudo haber sido” en el olvido desecho

Tomaste la encrucijada y con el miedo las cosas no avanzan
nos marchamos a distintas marchas
y nos perdimos en el trajín
por tu amor, bien gracias
ya no tengo para pagarte la fianza
¿Qué hubieras hecho tú por mí?

Instrucciones para ser infiel

Dejando de lado los principios, atengámonos a la manera correcta de no amar a nadie del todo más que a nosotros mismos. Se tiene prohibido la desnudez de los ojos, asumamos el alma y lo latente con un pudor prudente. Hay que entender el arte del placer sin remordimientos, ahogarnos ante la cópula de las palabras reiteradas, la fotocopia de caricias sobre una piel a otra y generalizar los roces, cosificando el acto, dosificando el cuerpo, masificando el amor; si es que a eso se le puede llamar amor. Despertar con la insatisfacción de que nada esté en su sitio, despertarse en un lugar distinto, en otra cama, en brazos ajenos al ayer, borrar las caricias del tiempo, cambiar de epidermis y no reconocer el nombre, ni recordar el rostro. Se debe alimentar la desconfianza: este es un plato que duda de su efecto, tan solo piensa que es veneno. Es necesario ver la realidad con la angustia intravenosa de que es mentira, corromper la soledad y volverla lujuria, corromper el querer y volverlo placer. Despersonalizar el sexo, cumplir con la rutina de girar otro anónimo picaporte, y dejar sobre las sábanas las mentiras en los labios, porque los infieles aman no poder amar nada más que amarse.

El marchar de un pueblo sonámbulo

Suena el cantar de los pasos
ofuscados en su vaivén
amaneceres de un sol dopado
tan gris el mañana del ayer

Se pierde la voz de un pueblo que no existe
Se nota el dolor en sus caras tristes
ya no hay tonada que los despisten
de las anclas que traen en los pies.

No hay doctrina que merezca
los gritos y llantos de Ares
ni el tronar de la carabina
al mutilar las alas impares.

El que antes era individuo
ahora es masa para amasar
ingrediente perfecto
para al poderoso retroalimentar.

Berrinches del egoísta
que disfraza de bienestar
colorean los pasos de los compatriotas
que en una pesadilla de un solo color
no paran de soñar.

Adiós por así decirlo

Adiós te digo y al decirlo peco
Peco por mentir porque no es adiós lo que siento
A Dios le ruego que al despedirnos: vuelvan.
Vuelvan los anhelos fugitivos que ya no vuelan.

Como esperar sin espera
El reflejo de tu mirada
Sin razón para el anhelo
Pues ya no habita nada.

La vesania de nuestros actos definen
Aunque el sentimiento a un lado se ignore
Sentir con el rencor que perdonen
Labios que buscándote prosiguen
Más no vale que búsqueda alguna distingue
Entre la fría cálida lucha que oprime
Las ganas convertidas en ansiedad afligen
El recuerdo más puro del ayer.

Pero batallando el alma vive
Esperanzada de no olvidar lo perdido
Caricias que hoy te hacen mío
Aunque pienses el nombre de otra
Percibir como llega la hora
De decirle adiós al camino
Aunque por hoy piel a piel nos hallemos
Estar juntos no es el destino.

El armisticio de tus hombros

Querido enemigo:

Disfruto matar al tiempo que he matado recostada sobre tus hombros, es un placer estar tendida a tu lado en este preciso momento, mirándonos de reojo los relojes de la mente. Yo aún no distingo tus horas, no sé si acaso ahora me toque matarte en el tiempo recostada sobre los hombros de alguien más. No es muy distinto. Los hombros del mañana tendrían tu compostura, serían igual reconfortables, de protectores, de fuertes, de imponentes; que al matarte yo, vivirías en la imagen de cada hombro contra hombro, de cada piel, cada blindaje que se pose sutil al borde del campo de batalla: que es hoy tu cama. Batallar sería un homenaje al recuerdo de la batalla que acabamos de perder, sus armaduras traerán a la memoria todas las miradas que recién desvestimos, sus manos no podrán levantar la espada de Exclálibur que clavaste sobre la lápida de un orgasmo, un múltiple orgasmo. Sus dagas apenas rozarán las caricias que me afligiste. Solo tus hombros podrían derrumbar los muros que mismo pusiste, solo tus hombros podrían construir un puente, pero por el momento déjame reposar desnuda sobre ellos matando al tiempo.

Señor enemigo, si construimos un puente habría más discordia, sé que es incoherente. Pero puesto a que toda acción genera una reacción y esa reacción es caos subyacente, ¿no lo entiendes? Si hacemos un puente generaríamos más caos, más desastres, más revoluciones, más guerras. Acaso no te emociona saber que tu mundo y mi mundo colisionan, cuya reacción es la expansión de luz que formará galaxias, que cargarán planetas, en estos albergará la vida. Saber que tus gentes y mis gentes andarán libremente, con la democracia al norte y nuestro querer en frente, con ideologías oponentes, con bipartidismo y pluralidad presente, con ideas relevantes, con cultura, con arte, vistiendo de progreso de oriente a occidente y viceversa. Deja a un lado el hastío y la vergüenza, querido enemigo, que todo progreso tiene su caos debajo de nuestras sábanas. Te emocionaría notar la cantidad de sinergia que se produce cuando de reojo mi pupila absorbe toda la luz de tuligera sonrisa; acariciando los círculos de tus hombros, mi retina absorbe toda la gravedad de tus ojos negros, y siempre hay caos detrás de ellos. Yo no lo veo, pero cómo lo siento.

Siempre supe que aventurarse a esta guerra sería una completa desventura; en lo que vamos, me motivas a morir sobre tus labios; es un buen discurso, me agrada hacerlo, pero no me motivas a quedarme sobre los mismos. Me exilias del universo cuando estoy a punto de rendirme recostada en tus hombros, y cuando estoy a un labio de marcharme el “quédate” siempre lleva tu tilde. Henos aquí, producto de tanto caos consumido: con tus silencios contemplando el techo y yo sobre tus hombros con la autopsia de nuestros cuerpos muertos. Desconozco si este tratado sincero traiga consigo buenaventura, hasta ahora tanta paz comienza a preocuparme. Tal vez hemos llegado al punto en el que nuestras acciones no generen más reacciones; a este punto irreversible, la paz nos dejaría inerte ante el encuentro y en elespacio sería sencillo contemplar los límites de nuestro horizonte: separar tu piel de mi piel, cambiarnos de piel, vestirnos y marcharnos. La huida sería la única acción y reacción, pero yo aún no distingo las horas de tu mirada y asesinarte en el tiempo recostada sobre los hombros de alguien más, no se me antoja hacerlo por el momento.

No me mal interpretes, ha sido un encanto tenerte de contrincante. Un honor estar en el frente con usted y tener a nuestras armas amenamente amenazándonos las máscaras. Ha sido una excelente tertulia desde los sentidos, esto de estar hablando con tus hombros es reconfortable, pero me temo que no puedo asesinar más tiempo del que ya hemos venido matando y aunque vaya contra mi voluntad: hoy me toca levantarme. Tus hombros no amortiguan mis caídas. Ahora que me he posado a un borde de tu cama dispuesta a sellar este tratado irreversible, te pido de reojo que te reserves aquellos lindos versos para otras guerras, guárdate todo tu querer a medias, no me interesa tu amor de reciclaje, quédate con el acuse del recibo, pero no te quedes congelado en el olvido; por eso te escribo, para recordarte.

No me arrepiento de haberme aventurado a esta completa desventura. Yo ya venía saboreando un adiós mucho antes de decirnos “hola”, pero cuán complejo es despedirnos mirándonos amar. Perdidos por la batalla, qué difícil escribir este armisticio, aceptando tanta paz. Decirte adiós sin maquillar un hasta luego, con la seguridad irreversible de mandarte a la mierda, con la determinación de quien determina lo interminable: levantarme de tus hombros y separarnos sin titubear, sin parpadear, sin ademanes, sin muletillas, sin dudarlo. Decapitar por completo el recuerdo y decirnos adiós incluso siendo eternos.

P.D: A ver si te activas e iniciamos la segunda guerra mundial, porque desde este último compás de armisticio ya nos vamos adentrando al panteón.

Jake mate, mi enemigo.

comoenlaguerra

Junto al muro

Te di ladrillos para hacer un puente
te quedaste del otro lado
pequeño y ausente
construyendo muros medio del camino

Tu trabajo siempre constante
con la terquedad que ni un terco deshace
de bifurcar el destino

Desnudándome de mis paredes
te vi triturar tu tiempo contra mi tiempo
entre pecho a pecho hallé un desierto
donde antes reverdecía el huerto
ahora anda muerto

Mi mano inmóvil en la llanura de tu espalda
busca a la mano tuya
pero no la halla, no la halla

Hay en este muro una infinidad de historias que se muerden la boca
hay en estos ladrillos la fallida intención de construir un puente.

El día en que decidí partir

El día en que decidí partir llovió
y estaba la lluvia en mi ventana para verse caer
pero fue lluvia ligera la que nos empapó
los parpados y mejillas
sin mojarnos los pies

El calzado apuntó a la salida y más nunca titubeó
mientras huellas dejaba atrás a la esperanza perdida
la esperanza que espera un hastío acompasó
al nunca llegar la expectativa correspondida.

Me fui sin ademanes,
corta de equipajes,
llena de preguntas
y vacía de certezas.

Te dejé atrás conmigo
puesto a que ya no soy mi dueña
me fui a buscarme en lo que seré
te quedaste con lo que fui
Tú ves si me desechas
junto a todo lo que di.

Me fui por la puerta abierta
y al partir puse el cerrojo
Ninguno de los dos
vio llover en nuestros ojos
Mientras la lluvia caía, el día en que partí.

Réquiem a la Dopamina

No dejes la puerta abierta si el invierno es lo que evocas
tu aire congela mis labios mucho antes de abrigar tu boca.

Cómo puede haber amor ante unos labios muertos
buscar la existencia en sus ojos tuertos
de un espejo que no emerge ningún otro reflejo
más que la muerte abrazando todo lo descompuesto
tanto nadar para quebrarse en llantos al primer intento
la insistencia de no creer que se nos acaba el tiempo

Todo lo que fue un día
no será en seguida
y se transforma de golpe
en nostalgia compartida

Ya no atas mis manos
con tu cercanía
Mira como riegan mis ojos secos
riegan de amor a tus labios muertos.